Buen viento y buena mar.... Hoy, me dispongo a zarpar a este mar virtual. No se aun navegar con la precisión de muchos avezados internautas, pero de todas formas me lanzo sin temor y con gran optimismo y la expectativa de compartir con personas de ideas afines e intereses compatibles....
Hace mucho tiempo deseaba integrarme y escribir en un blog, sobre todos esos intereses que conservaba celosamente aguardando como en una sala de espera a que me llamaran, aun sin haber solicitado una cita previa. Pero como sucede si no has pedido una cita...te quedas esperando y esperando sin que a nadie se le ocurra llamarte. Así que lo mejor que puede hacerse, es lanzarse de cabeza al agua. Nadie aprende a nadar en seco.
Como lo digo en la descripción del blog, no pretendo ser docta en ninguno de mis intereses. Simplemente opino qué me gusta y como me gusta vivir la vida, de una manera sencilla, algunas veces divertida con el ánimo de compartir esos intereses con personas afines y recibir e intercambiar opiniones, conocimientos y experiencias.
Me he retirado al área rural de una población pequeña, harta del bullicio de una ciudad muy grande, del estrés que produce la hiperactividad propia de una gran urbe. Acá en el silencio del campo, puedo oír hasta mis propios pensamientos y he vuelto a encontrarme con la persona que me habita y que había dejado extraviar por los afanes que me acosaban en la ciudad. He vuelto a respirar el aire limpio del campo, he vuelto a escuchar el trino de las aves, al agua de la cascada que corre cerca a mi morada. Volví a disfrutar de la brisa, del viento y de la lluvia, del aire y del sol cuando emprendo una caminata por el campo, sin afanes, sin smog, pitos, sirenas, semáforos, o señales de tráfico.
En este nuevo andar he plantado una huerta y ya puedo bajar a ella para arrancar unas cuantas hojas de lechuga, o rúgula, unas zanahorias y cebollas, para hacer una ensalada fresca al almuerzo.
Puedo también, divertirme tomando fotografías del paisaje, de los atardeceres y amaneceres, de los animales, y de la quebrada, del pequeño bosque que la circunda, de las plantas, de las flores, y del camino, o tomarme una selfie para recordar un instante de diversión, o de locura.
He vuelto a recrearme en la lectura de un buen libro en una tarde lluviosa, o a tratar de escribir algún poema... he gozado bailando sola una salsa de Buena Vista Social Club, o un tango de Piazola y he cantado bien o mal sin temor a desentonar con Cesaria Évora, Gardel o con Storm Large.
Palabras más, palabras menos, estas son algunas de las experiencias que he disfrutado desde que vivo en el campo, en soledad conmigo misma y alejada totalmente de preocupaciones, problemas y del mundanal ruido.
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